jueves, 12 de diciembre de 2013

CUERO, BESOS Y ROCANROL

   —Si en cinco minutos no nos hemos movido de aquí, yo me largo —gruño Irene mientras calentaba, en vano, los congelados dedos de las manos con su aliento.
   —Presiento que me vas a dar la noche —fue la respuesta de Marisa, que sin mirarla siguiera sonreía a un joven rubio de ojos claros que se la comía con la mirada.
   Irene, de puntillas, ojeó la larga fila de personas, que heladas de frío como ellas, esperaban pacientes a que el gorila de turno las dejase entrar a la abarrotada discoteca.
   La puerta se abrió para dejar salir a un grupo que pos su indumentaria, adivinó, saldrían de la zona VIP.
   El vigilante señaló a varios individuos, que jubilosos por haber sido seleccionados se encaminaron hacia la puerta, entre ellos, el rubio que hacía ojitos a Marisa, que se despidió con la mano.
   Pasó por delante de ellas y seleccionó a un par de parejas más. Que ignorase, tan descarado la presencia de ambas, que no respetase el turno de espera, el frío de la noche y los tacones que la estaban matando fueron el cúmulo de circunstancias que hizo que explotase.
   —Perdone pero nosotras estábamos antes —abordó en tono de enfado al portero.
   Él, la miró de soslayo como quien divisa un molesto moscardón y con ademán chulesco eligió a dos personas más.
   Que le ignorasen de manera premeditada tan solo conseguía que su ira fuese a más.
   —Oiga… —increpó de nuevo, Marisa le propinó un codazo de advertencia.
   —¿Perdón? —la voz del hombre destilaba prepotencia pero Irene no se amilanó.
   —Llevamos mucho tiempo esperando y nosotras hemos llegado primero.
   —Es lo que hay —y comenzó a andar hacia su posición ante la escalinata de la discoteca.
   —Y ¿quién es el que dicta lo que hay? ¿Tú?
   —Será mejor que nos vayamos —susurró Marisa tomándola del codo e intentando evitar un enfrentamiento. Irene se zafó del agarre.
   —No, no nos vamos. Hemos venido a disfrutar de la noche. No nos hemos arreglado para terminar en cualquier garito. Nos tiene que dejar pasar.
   Los ojos del hombre recorrieron a ambas.
   —Puedes pasar.
   Marisa la agarró del brazo pero paró en seco al escuchar al vigilante.
   —No, ella se queda.
   La joven dudó. Miró hacia la puerta por donde el atractivo rubio había desaparecido minutos antes, cruzó sus ojos con Irene que suspiró con resignación.
   —Anda ve. Te busco luego.
   —Lo dudo mucho —espetó el gorila —. No llevas la ropa adecuada.
   «¡¿Qué?!». Repasó el conjunto prestado por Marisa. El ajustado corpiño, la minifalda de cuero —por llamar algo a ese escaso pedazo de tela—, y las maravillosas, según Marisa, botas altas de tacón de aguja. Ella había protestado cuando su amiga le propuso que se cambiara sus ropas cuando fue a buscarla.
   Pero una cosa era que no se encontrase cómoda con esa ropa y otra muy distinta que ese tipo opinase sobre su aspecto. Antes de que pudiese protestar el portero añadió.
   —No está permitido llevar ropa de cuero.
   Entrecerró los ojos. ¿Qué norma ridícula era esa? Iba a protestar cuando apareció.
   La siniestra figura vestida de cuero negro destacaba bajo el foco de la entrada. El pelo negro, ondulado, recogido en una coleta baja y unas gafas de sol cubriendo sus ojos.
   Se acercó a ellos con pasos decididos, a su paso se elevaron un sinfín de murmullos en la fila. Tragó el nudo repentino de su garganta cuando la imponente presencia del desconocido estuvo a escasos centímetros de ella.
   —Nicolai, te necesitamos dentro —ordenó autoritario, la voz profunda.
   Al girar la cabeza hacia el desconocido Irene pudo observar el diminuto auricular que el vigilante llevaba en su oreja, exactamente igual que el que portaba el hombre de cuero.
   Nicolai asintió y ambos se dirigieron hacia la entrada. Sus ojos no pudieron evitar fijarse en las marcadas nalgas del siniestro hombre. Tentadoras.
   Deslizó la mirada por las largas y musculosas piernas que terminaban en unas botas de motero.
   Hizo a un lado la prudencia y alzando la voz recriminó.
   —Y ¿él?. ¡Ah! No perdona. No lleva cuero —adujo con sarcasmo.
   Los hombres la enfrentaron.
   —Él… es una excepción —masculló el vigilante.
   —Sí —corroboró—, excepcionales son sus ropas y sus gafas de sol. Muy adecuadas para el interior de una discoteca.
   El aludido, en segundos, estaba a escasos centímetros de ella. Tuvo que alzar la cabeza para enfrentarse a su propio reflejo en los oscuros cristales por un instante porque la mano de él bajó la montura con gesto intimidatorio y dejó sus ojos al descubierto.
   Irene ahogó un jadeo. Una penetrante mirada esmeralda la dejó petrificada. Ésta, se deslizó por su figura, lentamente y sintió como cada centímetro de su cuerpo hormigueaba en respuesta. Cuando esos ojos cautivadores volvieron a su rostro, los latidos de su corazón estaban a mil por hora.
   Sin mediar palabra alguna, él se encaminó hacia la puerta del local, donde Nicolai le esperaba.
   —Déjala pasar.
   —Roger —con un gesto llamó la atención de Irene que seguía estática donde él la había dejado—. Pasa.
   Titubeó un momento pero al ver que el hombre abría, solicito, el pesado portón se acercó con pasos rápidos.
   —Gracias —susurró y penetró en la penumbra del local.

Cuero, besos y rocanrol (continuación I)








9 comentarios:

  1. ¡¡Mamma mía!! ¡¿Pero cómo nos haces esto?! Por favor, por favor, dime que lo vas a continuar en breve.

    ResponderEliminar
  2. Hola,
    más...quiero más....asín que ya te lo estás currando.....
    besis

    ResponderEliminar
  3. Se me ha otorgado el honor de ser premiada con un Liebster Awards y he valorado los blogs que conozco para nominar a los 11 blos que creo que merecen dicha mención y entre ellos está el tuyo.
    Como sabes, este premio se concede a los blogs que cumplen lo siguiente: Ser un blog de reciente creación o con menos de 200 seguidores. Agradecer el premio a la persona o blog que te lo concedió. Responder a sus 11 preguntas. Conceder el premio a otros 11 blogs y proponerles otras 11 preguntas. Visitar los blogs premiados junto a ti. Informar a los blogueros del premio

    Enhorabuena.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me encanta!!!!
      Todo ese cuero, morenazo y gafas de sol q esconden esos ojos... ya sabes xq me encanta jajaja

      Eliminar
    2. le faltan los colmillos para morderte jajajajaja

      Eliminar
  4. Te pido mil disculpas, Cat, por mi torpeza en estos blogs, foros y demás páginas de internet, me pierdo con suma facilidad; ahora bien, eso no quita, ni un ápice, el disfrutar de tu forma de escribir y los trabajos que estás haciendo. Dulce disfrute de tus palabras. Dice el poeta: " y tú puedes contribuir con un verso...¿cuál será tu verso?" La respuesta aquí, en este blog...

    ResponderEliminar
  5. Gracias Jorge. Eres un sol. ;)

    ResponderEliminar
  6. Decididamente te gustan los colmillos y que ellos te pasen por tu delicado cuello ajjajajajja , y también ese cuero frío pero que ya te encargaras tú de que valla cogiendo calor ajjaj , me acuerdo de este relato , pero ha estado bien leerlo otra vez...

    ResponderEliminar